Un divorcio rara vez es solo un trámite legal. Es una pérdida que exige elaborar un duelo y reorganizar la vida por completo, y todo ello se agrava cuando hay hijos. En la mayoría de los casos el dolor se atraviesa con más o menos dificultad. Según la estructura de personalidad, hay quien tiende a sumergirse en el sufrimiento y quien tiende a evitarlo. Pero en algunas separaciones ese dolor se cruza con el terreno judicial y aparecen las denuncias: por violencia, amenazas o situaciones relacionadas con los menores.
Es un tema delicado, y precisamente por eso merece que hablemos de él con calma, con datos y sin simplificaciones. Y merece también que miremos a alguien de quien casi nunca se habla: la persona que, en mitad de su separación, recibe una acusación grave y se ve obligada a vivir con ella mientras el proceso avanza.
Denuncias falsas en un divorcio: qué dicen los datos
Conviene precisar que una denuncia archivada o una absolución no equivalen, por sí solas, a una denuncia falsa. Falsa es la que se presenta sabiendo que no es cierta y así lo declara un tribunal.
La memoria de la Fiscalía General del Estado registra 189 sentencias condenatorias por denuncia falsa en violencia de género entre 2009 y 2024, frente a unos 2,45 millones de denuncias: en torno al 0,008 %. Es una cifra baja, y hay que reconocerlo. Pero solo recoge las falsedades probadas en un juicio, y detrás de cada una hay personas concretas cuya vida se ha visto profundamente alterada.
Ambas cosas pueden sostenerse a la vez. Las denuncias falsas no son un fenómeno generalizado, y cuando ocurren, el daño es real y merece ser reconocido. Reconocer uno no obliga a negar el otro. Y tampoco hay que olvidar que muchas víctimas reales se retractan por miedo o dependencia emocional, algo que la propia Fiscalía subraya: por eso una denuncia retirada tampoco prueba nada por sí sola.
¿Por qué se presenta una denuncia injusta en una separación?
Rara vez hay una única causa. En rupturas de alta conflictividad pueden coexistir situaciones muy distintas:
- Miedo real, aunque los hechos no lleguen a probarse después.
- Percepciones deformadas por el dolor: cuando una relación se rompe, es fácil releer todo el pasado desde la herida.
- Rabia y deseo de castigar, que pueden empujar a exagerar o distorsionar lo ocurrido.
- Estrategia: en una minoría de casos, usar el sistema para obtener ventaja en la custodia, la vivienda o lo económico.
Comprender un motivo no lo justifica. Pero entender la emoción ayuda a no convertir cada caso en una caricatura. Y ninguno de estos escenarios puede deducirse del sexo de quien denuncia: cada situación exige una valoración individual, rigurosa y libre de prejuicios.
Consecuencias psicológicas de una denuncia para la persona denunciada
Cuando una persona recibe una denuncia grave, lo primero que suele aparecer es el shock. La vida queda partida en un antes y un después, a veces en cuestión de horas. Después llegan capas de sufrimiento que rara vez se ven desde fuera:
Una injusticia que no se puede procesar. Es frecuente que quienes pasan por esto describan una mezcla de incredulidad, indignación e impotencia. Se sienten reducidos a una acusación que no reconocen como propia, y esa distancia entre quiénes son y lo que se dice de ellos resulta muy difícil de sostener.
Consecuencias antes de cualquier juicio. Las medidas cautelares, como las órdenes de alejamiento o la salida del domicilio, existen para proteger a posibles víctimas, y en muchos casos son necesarias. Pero para quien las recibe injustamente, se viven como un castigo previo a cualquier sentencia. En 2024 se acordaron más de 33.000 medidas de protección en España, y se tomaron antes de que un tribunal se pronunciara sobre el fondo.
Vergüenza y aislamiento. Explicar a la familia, a los amigos o al trabajo lo que ocurre es agotador. Muchas personas prefieren callar por miedo a no ser creídas, y se quedan solas justo cuando más apoyo necesitan.
Desgaste físico y emocional. Insomnio, rumiación constante, ansiedad, hipervigilancia, irritabilidad, pérdida de apetito o de concentración, y ánimo bajo. Vivir meses pendiente de una citación o de un resultado deja una marca en el cuerpo.
La separación de los hijos. Para muchos padres y madres, esta es la parte más dura. Pasar semanas o meses sin ver a sus hijos, o hacerlo en un punto de encuentro familiar con visitas supervisadas, provoca un dolor profundo y un duelo específico que se suma al de la ruptura.
Un proceso que termina, pero no borra. Incluso cuando el caso se archiva o acaba en absolución, el daño ya está hecho: la reputación, el trabajo, la economía y la confianza en los demás tardan mucho en reconstruirse. En 2024 casi una de cada cinco sentencias dictadas en violencia de género fue absolutoria, aunque la Fiscalía atribuye la mayoría a víctimas que se acogen a no declarar o que dicen no recordar, por lo que no puede leerse como prueba de que las denuncias fueran falsas. Y, según la propia Fiscalía de Madrid, ha aumentado el número de casos en que se detiene a los dos miembros de la pareja y el asunto termina normalmente en archivo o absolución.
A todo esto se suma algo que agrava el sufrimiento: la dificultad de pedir ayuda. Muchas personas en esta situación sienten que su dolor «no cuenta» o que no tienen derecho a quejarse. Sí lo tienen.
Cómo afecta un divorcio conflictivo a los hijos
Los menores son quienes menos herramientas tienen para procesar lo que sucede. Pueden sentir miedo, culpa, un conflicto de lealtades entre ambos progenitores, problemas de sueño, dolores sin causa médica o bajadas en el rendimiento escolar.
Necesitan que los adultos no los conviertan en mensajeros, testigos ni árbitros. Preguntarles quién tiene razón, o buscar que confirmen una versión, les hace daño. Y hablar mal del otro progenitor delante de ellos, aunque se tengan motivos, también.
Cuando existe violencia real, la prioridad es protegerlos, y proteger a la víctima. En esos casos la seguridad va primero: no se trata de mediar ni de hacer terapia de pareja, sino de activar recursos especializados y asesoramiento jurídico.
Denuncias falsas y víctimas reales: por qué el rigor importa
Un último matiz importante. Poner el foco en el sufrimiento de la persona denunciada no significa poner en duda a quienes denuncian con razón. Al contrario: cada denuncia falsa perjudica también a las víctimas reales, porque alimenta la sospecha sobre las que sí necesitan ser creídas. Cuidar el rigor beneficia a todos.
Psicólogo para un divorcio en Madrid: cómo puede ayudarte la terapia
Acudir a un psicólogo por un divorcio en Madrid no resuelve el proceso judicial, pero sí puede cambiar la forma de atravesarlo. En terapia se puede:
- Elaborar la pérdida de la relación y, en su caso, la de la imagen que uno tenía de sí mismo.
- Regular la ira, el miedo y la angustia, que en estos procesos pueden ser desbordantes.
- Diferenciar los hechos de las interpretaciones, y sostener la incertidumbre sin quedarse atrapado en ella.
- Regular el sueño, la confianza y una vida más allá del divorcio.
- Tomar decisiones pensando en el bienestar de los hijos y no en la necesidad de ganar.
Conviene ser claro con los límites: la terapia no sustituye a la defensa legal, y un psicólogo que acompaña no elabora informes sobre hechos que solo conoce por el relato de una de las partes. Para cuestiones jurídicas, lo aconsejable es contar con un abogado especializado.
Qué hacer si estás viviendo una denuncia en tu divorcio
Hay algunos pasos que ayudan: cumplir escrupulosamente cualquier medida de alejamiento o comunicación, incluso si la consideras injusta; buscar asesoramiento jurídico especializado cuanto antes; cuidar lo básico (sueño, alimentación, deporte); y no afrontarlo en soledad.
Si estás atravesando una separación complicada, con o sin denuncias de por medio, no tienes que hacerlo solo o sola. Acompaño a adultos y a parejas en Madrid en procesos de divorcio, ruptura y conflicto. Puedes contactarme para una primera consulta.
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el asesoramiento jurídico ni la valoración psicológica individual.
Nota: todas las cifras proceden de la memoria 2025 de la Fiscalía General del Estado (datos de 2024).
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